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Historia de Valladolid

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   Provincia de España, ubicada en la submeseta Norte, perteneciente a la comunidad autónoma de Castilla y León. Limita al norte con las provincias de León y Palencia, al este con las de Burgos y Segovia, al sur con las de Segovia, Ávila y Salamanca, y al oeste con Zamora. Desde el punto de vista geológico, la provincia está integrada por materiales miocénicos, entre los cuales aflora el zócalo paleozoico.

   Su relieve está marcado por la llanura, planicie que se ve alterada por algunas colinas de escasa altitud, como los Alcores o montes de Torozos en la parte septentrional, y ciertas prominencias denominadas motas u oteros.   El clima es mediterráneo continentalizado, con inviernos muy crudos y veranos cortos pero muy calurosos; la temperatura anual alcanza un promedio de 12 º C, mientras que las escasas precipitaciones no sobrepasan los 425 mm anuales (con mínimos en agosto y máximos en mayo, octubre y diciembre).

   La hidrografía vallisoletana se enmarca en la cuenca del Duero, río que corre sobre una altitud de 700 m de promedio, junto con el Pisuerga, Esgueva, Adaja, Eresma, Zapardiel, Duratón, Valderaduey, Cega y Pirón (todos ellos complementados por canales como el de Castilla, el de Campos y el de Duero).

   La vegetación es clara muestra de la ininterrumpida agrarización que ha transformado los paisajes vegetales de la Meseta; subsisten en algunas áreas pino negro, pino piñonero, encina, roble, algunas frondosas (chopo, álamo, olmo) y matorral.

   La provincia posee las siguientes comarcas: Valle de Cerrato, Montes Torozos, Tierra de Campos, Ribera del Duero, Tierra del Vino y Tierra del Pan. Con una densidad de población de 61,5 hab/km2 (1995), el tipo de hábitat predominante es el concentrado, aunque mantiene una cierta ruralización en las villas y grandes aldeas de la provincia (pervive en muchas de ellas la casa típica de dos o tres plantas, con construcción entramada y balcón saliente, en alternancia con la casa de adobe, característica de las zonas donde predomina la arcilla).
   La economía provincial sgue siendo eminentemente agrícola y ganadera; predomina el cultivo del trigo, tanto en secano como en regadío, seguido de patatas o papas, lentejas, almortas, guisantes o chícharos y garbanzos en secano, y de alubias y habas en regadío; el ganado vallisoletano se compone de vacas, ovejas, cerdos, aves, conejos, abejas y cabras.

   Entre las plantas industriales destacan las dedicadas a la elaboración y procesado de productos agropecuarios, como la remolacha azucarera (betabel), seguida del lino y la vid en términos como Rueda y Nava del Rey. Otras industrias importantes son la de aluminio, la automovilística y la de maquinaria agrícola.

   Tanto la industria como el comercio se concentran en los principales núcleos de la provincia: Valladolid, la capital provincial (sus 334.820 habitantes, según datos en 1995, viven en un casco urbano atravesado por el Pisuerga, al que se une el Esgueva en la misma ciudad, sobre los que se alzan monumentos como el convento de San Pablo -aunque data del siglo XIII, en el XV se le añadió su maravillosa portada de estilo gótico-mudéjar-, el colegio de San Gregorio -Museo Nacional de Escultura-, el colegio mayor de Santa Cruz, la catedral -proyectada por Juan de Herrera- y la Universidad, que data del siglo XVIII y es de traza churrigueresca); Medina del Campo (importante nudo ferroviario e industrial, alberga el castillo de La Mota, donde murió Isabel la Católica), Medina de Rioseco (notable núcleo agrícola), Nava del Rey (área vitivinícola de gran solera), Olmedo (núcleo con notable sabor mudéjar, como se aprecia en las iglesias de San Miguel, San Andrés y San Juan, San Cebrián de Mazote -siglo X- y Santa María de Wamba, así como en el monasterio cisterciense de San Bernardo de Valbuena), Peñafiel, Simancas (famosa por guardar el Archivo Histórico Nacional, fundado por Carlos I) y Tordesillas (en el palacio mudéjar fundado por Alfonso XI vivió cautiva Juana la Loca).

   La ocupación histórica de la provincia arranca con el pueblo celtíbero de los vacceos; posteriormente fue habitada por romanos, godos, musulmanes y cristianos (hay que destacar nombres como los de Pedro Ansúrez, Alfonso VI, Alfonso VIII, Alfonso XI y Enrique II). Los Reyes Católicos y Felipe II contribuyeron a enriquecer la provincia, dotándola de numerosos privilegios reales.

   Superficie, 8.202 km2; población (1995), 504.883 habitantes.

Valladolid (provincia, España), Enciclopedia Microsoft Encarta 98 - 1993-1997
 

   En los caminos de la provincia de Valladolid se aprende la historia mejor que sobre las páginas de un libro.
   Después de una noche oscura, poblada de romanos y celtas, llegamos al siglo IX, en que Alfonso III construye la villa de Simancas, que pasa a formar parte de la línea defensiva del Duero.
   En el año 1074, Alfons VI conoce el señorío de Valladolid al Conde Pedro Ansúrez, que es considerado como el fundador de la ciudad, de un hospital y del primer puente que saltó el Pisuerga, junto a Valladolid.
   La historia gloriosa de los municipios castellanos adquiere su mayor auge durante la Reconquista.  Se formaban con hombres libres, que se ayuntaban a campana tañida, a la intemperie, en mitad de una plaza o frente al pórtico de las iglesias, para tratar los asuntos públicos.  De este modo, hacían oir su voz, armaban sus milicias, constituyéndose en fuerza moderadora entre los nobles y el Rey.  Así, al calor de la epopeya militar y de la repoblación, nacen los Fueros, Privilegios y Cartas-Pueblas.
   La representación popular entre las asambleas, Cortes y Concejos es auténtica y real.  Desde las Cortes de Burgos, de 1169, asisten a ellas los representantes de villas y ciudades.  Los personeros, mandaderos y procuradores disfrutaban de inviolabilidad, que duraba desde el mismo día de su partida a Cortes hasta el de regreso a sus casas.
   El régimen parlamentario, entendido como participación de la nación en los asuntos de Estado, existió en Castilla con anterioridad a los países a los países europeos, anticipándose varios siglos a las doctrinas de la época constitucional.
   En 1217, en la plaza del mercado, hoy plaza Mayor de Valladolid, es reconocida Reina de Castilla Doña Berenguela y en 1246 se celebra en la ciudad el matrimonio de Alfonso X con Doña Violante de Aragón.
   En 1295, 1301 y 1307 se celebran Cortes a la orilla del Pisuerga.
   Año del Señor de 1400, peste y desolación amenazan despoblar el reino.  En su virtud, el Rey Enrique III permite a las viudas de Valladolid casarse dentro del año de luto.
   El día 2 de enero de 1412 se publica un Ordenamiento por el cual se manda que moros, cristianos y judíos vivan en barrios separados.  Los judíos vallisoletanos se establecieron en el Barrio Nuevo, parroquia de San Nicolás, donde viven hasta su expulsión.
   En 1480, se crea en Medina del Campo el Tribunal del Santo Oficio y se nombran los primeros inquisidores.
   Así llegamos al año de gracia en 1469.  Todo el peso de la historia gravita sobre la ciudad de Valladolid.  Fernando de Aragón e Isabel de Castilla unen sus destinos gloriosos en el palacio de los Vivero.  Son, a la sazón unos adolescentes, ya que cuentan sólo 18 y 19 años de edad.  Las nupcias de Fernando, <<el mejor mozo de España>>, como le llama Lope de Vega, y de la princesa de los ojos azules, son, son las nupcias de España.
   Treinta años de grandeza corren junto a las aguas del Pisuerga.  Un mundo lejano acaba de ser descubierto.  El idioma, llano y jocundo, nacido en tierras mesetarias, se extiende por todo el planeta como una gran mancha de humedad.  Se rotulan con él ríos, mares y montañas.  Las instituciones castellanas, su fuerza, su entusiasmo y su poder se trasplantan a los lugares recién fundados.  El espacio espiritual y geográfico de Castilla se ensancha espectacularmente.
   En el año 1504, algo muy sutil se quiebra como un cristal.  Un 26 de noviembre, al filo del mediodía, mientras mercaderes y trajinantes lanzan al aire sus últimos pregones, expira en Medina del Campo la Reina más grande en España.
   La Reina Isabel, como símbolo dramático, muere de fiebre y de sed, de la misma enfermedad que estas tierras castellanas padecen desde siglos.
   Dos años después, en la ciudad de Valladolid, en medio de un mar de tierra, entrega su alma a Dios Cristóbal Colón, Almirante que fue de la Mar Océana.
     A partir del siglo XVI las libertados municipales son lentamente absorbidas por el centralismo de los monarcas.  El Rey nombra su Corregidor, como primer magistrado de las villas, en cargado de administrar justicia y ejecutar las leyes y acuerdos del Consejo.  Por su parte, el Concejo Real otorga los cargos de Regidores entre los caballeros adscritos a los linajes.  Éstos, se obligan, bajo juramento, a defender ña república y las causas de viudas, pobres y menores.
   1516, el Concejo de Valladolid escribe a Flandes, diciendo:  <<Que se haga saber a Su Majestad la necesidad de que venga lo más pronto posible que pueda, pues con su real presencia hará a España señora de muchas tierras y ella a Don Carlos señor del mundo>>.
   Dos años después, hace su entrada solemne en Valladolid el Emperador, siendo jurado en Cortes el 12 de febrero, no sin tumultuosa oposición, acaudillada por un jurista, de apellido Zumel.
   Las razones de los vallisoletanos eran las de no jurar al Rey Don Carlos, <<pareciéndoles que por no haber nacido en España, ni ser de la Casa Real de Castilla por línea de varón, no debían jurarle>>.
   El gesto del mariscal Don Pedro es de lo más elocuente.  Dice la crónica que, cuando el Emperador en Valladolid, le mandó venir para que le jurase, prometiéndole libertad y rehabilitación de su hacienda, pero él no lo quiso hacer así y le pusieron en el castillo de Simancas, donde, según el historiador, acabó su vida en la porfía y sin remedio.
   El arzobispo Sandoval -coetáneo de los acontecimientos- nos dice:  <<Estaban encarnizados los flamencos en el oro y plata virgen que de las Indias venía, y los pobres españoles ciegos en darlo por sus pretensiones, llegando a ser común el proverbio de llamar el flamenco al español <<mi indio>>.  Y decían verdad, porque los indios no daban tanto oro a los españoles como los españoles a los flamencos>>.
   Sucedió -dice el mismo historiador- que un castellano mató a un flamenco en Valladolid, acogiéndose a la Magdalena.  Entraron tras él un tropel de flamencos y en la misma iglesia lo apuñalaron, sin que hubiera justicia ni castigo.
   El 5 de marzo los vallisoletanos se amotinan en la Puerta del Campo y estorban la salida del Emperador, siendo arrollados por la guardia flamenca.
   El viejo cardenal Cisneros levanta su látigo de justicia contra los flamencos y nobles descontentos:

          <<Basta ya de derechos
          y sutiles distinciones.
          Se acabaron las razones
          y van a empezar los hechos...>>.

   En sus últimos días el enérgico príncipe de la Iglesia asiste al proceso de descomposición de las ideas castellanas y de su política tradicional.  A los que les piden cuentas, responde:  <<Yo tengo mi Regimiento, con el apoyo y contento de los pueblos y del Rey; no pudo nunca tener mejor cimiento mi silla, porque reyes y villanos fueron y serán las manos que sostienen a Castilla>>.
   Cunde el malestar ante el anuncio de la partida del Rey a Alemania para ser coronado Emperador.  La ardiente protesta de Valladolid se extiende como una llamarada por toda la meseta.
   En la primera carta de Toledo a las ciudades con voto en Cortes se lee:  <<Suplican a Su Majestad:  lo primero, que no se vaya de España; lo segundo, que por ninguna manera permita sacar dinero de ella; lo tercero, que se remedien los oficios que se están dando a los extranjeros>>  (7 de noviembre de 1519).
   El 20 de mayo de 1520 parte el Rey, quedando gobernado el país por el cardenal Adriano de Utrech, luego Papa.   Ofendida la altivez castellana por este suceso y por ver al arzobispado de Toledo en manos de Guillermo de Gray, Valladolid, Toledo, Ávila, Segovia y Salamanca, ciudades celosas de sus privilegios, arman sus milicias.
   Ha comenzado la Guerra de las Comunidades.
   La guerra por las libertades, por la dignidad de Castilla, que no se resigna a ser una provincia más del imperio dura desde el año 1520 al 1522.
   Valladolid arroja al Cardenal Adriano, regente, que se acoge al amparo de Medina de Rioseco, centro del ejército imperial, acaudillado por el Conde de Haro.
   Las fuerzas reales incendian Medina del Campo, mientras un batallón de curas pelea bravamente en Tordesillas.
   El levantamiento tiene un carácter eminentemente popular.  En Medina del Campo, el tundidor Bobadilla arenga a las masas.  Reunidos los procuradores en Tordesillas, es otro tundidor, de apellido Pinillos, el que lleva la voz cantante:  <<el cual tenía una vara en la mano y ningún caballero, ni procurador, ni eclesiástico, osaba hablar allí palabra, sin que el tundidor le señalase primero con la vara>>.
   En estas Cortes de Tordesillas se redactan los capítulos de la Santa Junta, <<la más bella y libre Constitución -según Corominas- que se haya dado nunca en la nación castellana>>.
   El pueblo castellano, que había vivido ocho siglos sobre las armas, aguantando las correrías musulmanas y ganando su tierra palmo a palmo; el pueblo castellano, que había talado sus bosques y quemado sus cosechas cientos de veces; el pueblo castellano, que había enviado a sus hijos a la audacia de la aventura americana se resistía a naufragar en la uniformidad y en el centralismo.  Bien alto lo gritan sus procuradores:  <<Que los reinos de Castilla no pueden vivir sin su Rey, ni están acostumbrados a ser regidos por los gobernadores>>.
   Las Comunidades fueron vencidas.
   El belicoso obispo Acuña, tras larga prisión, apareció colgado de una almena en el Castillo de Simancas.
   A los caudillos vencidos, Padilla, Bravo y Maldonado, para infamar su nombre, se les negó la muerte honrosa y merecida del soldado.
   En los campos de Villalar pudieron cambiar los destinos de España y en el fango y en la siena de sus tierras quedaron enterradas las libertades de Castilla.
   Las Comunidades fueron la protesta nacional contra un soberano que sacaba la política de sus cauces tradicionales.
   En 1527 ocurre en Valladolid otro hecho trascendente.  En el que hoy es Palacio de la Diputación nace
Felipe II.
   El siglo XVI es el de la dramática lucha entre la razón y la fe.  Eterno conflicto para el castellano viejo.  En estas tierras mesetarias triunfa la fe.  No podía ocurrir de otro modo.  El hombre de la meseta ve en la fe lo sólido, lo profundo.  Para él, la razón es lo voluble, lo versátil.
   El corazón le dice al hombre de la meseta que la razón ensancha la jaula, pero no la abre.  La razón pasa por la humillación de tenerlo que razonar todo.  Y hay razones que la misma razón desconoce.  En esta tierra llena de luz, de contornos precisos, donde el hombre está solo en la llanura frente a Dios y a la soledad, no podía triunfar la razón.
   Por si fuese poco, estaba la frase de Hernando de Acuña, el poeta del Imperio, nacido en Valladolid:  <<Un monarca, un imperio y una espada>>, que resume toda una filosofía vital.
   Nuestro hombres del siglo XVI no pueden ser enfocados con una cámara fotográfica del siglo XX.  Para comprenderlos, hay que usar las gafas para cada tiempo, que postulaba Goethe.
   En 1555 muere en Tordesillas Juana la Loca y un año después sale de Valladolid Carlos V camino de Yuste.  En estos años tiene lugar la entrevista de Felipe II con su hermano Don Juan de Austria en los montes Torozos.
   Desde 1601 a 1606 Valladolid vuelve a ser capital de España, con Felipe III.
   En 1613 llega a Valladolid Miguel de Cervantes, donde tiene su casa en el Rastro Viejo y posiblemente finaliza El Quijote.
   En 1808, los estudiantes y el pueblo llano de Valladolid luchan contra los franceses, junto al puente de Cabezón.  Napoleón establece su cuartel general en la capital.
   El 21 de febrero de 1817 nace en Valladolid Don José Zorrilla, el poeta romántico de España.
   Durante el siglo XIX las tierras vallisoletanas caen en un profundo letargo, roto por la entrada del ferocarril en la estación Campo Grande y por la Guerra de Crimea, que con la exportación cerealista hace resurgir económicamente a la provincia, haciéndose célebre el refrán:  "Agua y sol y guerra en Sebastopol>>.
   El 18 de julio de 1936 se inicia en Valladolid el Alzamiento.  Tres años de guerra civil.  La provincia agropecuaria de Valladolid ha cedido población a su capital, que es una ciudad industrial, abierta hacia el futuro y cabeza de una región en marcha.
   Concluida la dictadura e instaurada la Monarquía constitucional, en régimen parlamentario democrático.  Valladolid es una ciudad que comparte su viejo escudo heráldico con la bandera azul y estrellada de la Comunidad Europea.

J. Manuel Parrilla / Una provincia: Valladolid

 

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