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Santa María La Antigua

 

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La Antigua

   Su fundación por el Conde Ansúrez; el románico de su claustro y su esbelta torre (proclamada por algunos como Reina de las torres de Castilla); lo admirado de su cementerio (la hazeldemia del diccionario latino de D. Pedro Salas según el cual su tierra tenía la propiedad de consumir los cuerpos en veinticuatro horas), actualmente enterrado bajo los cimientos de alguna de las casas edificadas en las proximidades de la fábrica romanico-gótica de su templo, así como el mal trato a que se ve sometida por parte de desaprensivos de todas las edades (no es sólo gente joven la que, despreciando los servicios higiénicos del elevado número de bares y establecimientos similares que pueblan la zona, utilizan para <<desaguar>> los muros del histórico edificio o arrojan restos basuras a su venerable claustro son datos y hechos ampliamente conocidos por muchos vallisoletanos.

   Más reducido debe de ser el número de vecinos que se haya parado a pensar que La Antigua es una parroquia a la que más debe el arzobispado desde el mismo momento de su fundación, pues fue sede de la primitiva Colegiata hasta que en 1080 sus fundadores, donaron a la Iglesia Mayor la edificación de Santa María la Mayor, o de N.ªS.ª de la Asunción.

   Habiendo padecido un gran número de restauraciones (se inician en siglo XIV con la reedificación de Alfonso XI y concluyen con la finalizada restauración patrocinada por D Remigio Gandásegui y cuyas obras finalizaron en el año 1952), cuando su patrimonio fue trasladado, en parte a la penitencial de las Angustias y en parte a la Catedral, no sólo fue recibido con alegría por el cabildo catedralicio, sino que encontró acomodo permanente en las grandes naves del templo herreriano.  El patrimonio artístico de nuestra parroquia más antigua se compone en la actualidad de dos pequeños retablos (uno de los cuales, el de N.ª S.ª de los Angeles, imagen de bastidor, se adorna con pinturas en sus laterales y el otro, dedicado a San Roque, al igual que la pequeña talla del Santo, es de elegante factura) así como varias imágenes antiguas de mediano tamaño entre las que cabe destacar una talla de San Juan (en tiempos patrono de la parroquia); una Virgen del Carmen y una pequeña talla de Santa Ana, que se sitúan en el altar del lado del Evangelio.  En un hueco existente en el ya citado altar de San Roque, se encuentran dos tallas (una de San José y otra de la Virgen María, que quizás formaran parte de una Sagrada Familia de la que se haya perdido la imagen del Niño Jesús.  Mención especial merece la talla del Cristo de la Preciosísima Sangre que tallara en 1952 Lázaro Gumiel para la cofradía de su nombre, antes conocida como de los carboneros.  Su archivo parroquial se halla incorporado al Archivo Diocesano.  Su imagen titular, una talla románica, puede admirarse en el Museo Diocesano y Catedralicio, mientras el que fuera Altar Mayor de N.ª S.ª de la Antigua fue instalado en el primer cuarto del presente siglo, en unión con los seis sitiales parroquiales y una sillería que perteneció al convento de San Pablo, se convirtió en Altar Mayor del templo diseñado por Herrera.

   El referido retablo fue objeto de una controvertida pugna entre el escultor Juan de Juni (que presentó el proyecto y aceptó las condiciones fijadas por la parroquia) y un mediocre escultor que se llamó Francisco Giralte, apoyado por algunos feligreses de peso, y que dirimida ante los tribunales de justicia, fue ganada en primera instancia por Giralte, pero finalmente le fue adjudicada la obra a Juan de Juni con base a una sentencia derivada de la apelación formulada por el escultor de origen francés.  La excelente obra representó en su tiempo una avanzadísima concepción artística por lo que, al igual que el retablo que realizara Berruguete para el convento de San Benito, fue duramente criticada en su época, si bien el transcurso de los años valoró en sus justos términos ambas obras.  El genio de Juan de Juni contó en su época con decididos detractores y convencidos seguidores, siendo de señalar el que una de sus obras más importantes, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, fuera rechazada por quien encargó su talla, que fue gozosamente recibida y debidamente valorada, por la cofradía penitencial que en nuestros días continúa nombrándose con su propiedad.

   Nuestra querida parroquia, luciendo el altar tallado por Juan de Juni, con dos altares barrocos situados a ambos lados del presbiterio, , con su excelente verja de forja (¿Qué fue de ella?), debió de constituir un conjunto admirable que se complementaba con el esbelto conjunto de su arquitectura y, en su día, por el discurrir de las aguas de la Esgueva frente a los arcos de su claustro.  No creo que exista en nuestra ciudad una parroquia que haya colaborado más al engrandecimiento de nuestro primer templo (en jerarquía) y, como no podía ser menos, dando ejemplo de su desprendimiento y grandeza que distinguió a sus fundadores, los Condes de Ansúrez, Señores de Valladolid, y que los feligreses de la parroquia han conservado a lo largo de los siglos y que convierte a N.ª S.ª de la Antigua en una parroquia singular.

Norte de Castilla, 12 abril 1998 - Joaquín Martín de Uña

 

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