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Origen del nombre "Pincia"

 

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El identificador a Valladolid con la Pincia romana, citado por el geógrafo griego Ptolomeo, arranca del Renacimiento, cuando el gusto por lo clásico lo invade todo.  Hay una auténtica obsesión por el entronque directo con el clasicismo, de establecer una línea directa con la civilización romana en nuestro caso.  No resulta pues extraño, dada la sensibilidad de época que a Valladolid se la entronque con lo que fue una importante ciudad romana: Pincia.

   El primer historiador que recoge esta 'tradición renacentista' es Juan Antolínez de Burgos (XVII):  "Llamose Valladolid en su principio Pincia.  La antigüedad de su fundación es tanta que pasa de dos mil años, por haber sido 290 antes del nacimiento de Nuestro Redentor; así lo refiere Ptolomeo, el cual pone dos ciudades de este nombre en España, una en el reino de Galicia junto a Pontevedra, la otra en Castilla la Vieja cerca de Simancas, en las riberas del Pisuerga; y en la figura o delineación que de ella hace en su mapa, se reconoce que es lugar principal; y también arguye lo mismo haberla puesto entre las más famosas de Europa, constituyéndola para más prueba de esta verdad entre los pueblos vacceos."

   Sin embargo, inmediatamente comienzan las dudas y matizaciones.  La idea de no identificación de Valladolid con Pincia, estaba tan extendida que en el siglo XVIII, el periodista Beristain, fundador del Diario Pinciano (1787-88), escribe al respecto:  "La ciudad de Valladolid no es población tan antigua, como ilustre y famosa.  Ni es decoro suyo que se apoye su nobleza en glorias vanas, teniendo en los fastos auténticos de la Historia de España las verdaderas pruebas de su hidalguía.  No hay cosa más vulgar que poner fundamento de Valladolid sobre las ruinas de la Pincia de Tolomeo".

   Las pruebas en contra son que ambas ciudades no coinciden ni en latitud ni en longitud (2 grados de diferencia), ni en las distancias.  Pese a todo, por estar el nombre de Pincia ya consolidado popularmente como sinónimo de Valladolid, Beristain no duda en denominar a su semanario como 'pinciano' y no 'vallisoletano', como sería más ajustado a su teoría.

   Aquí tenemos un ejemplo claro de cómo, pese a no ignorar científicamente un hecho, por 'presión' de la opinión pública se termina aceptando una creencia colectiva en vez de luchar contra ella.  Sin duda Beristain y su Diario Pinciano, pese a las disquisiciones iniciales, terminan por consolidar y dar carta de naturaleza al término, al no querer ir en contra de la creencia popular.

   La invención del entronque de Valladolid con la Pincia romana se debe a eruditos renacentistas.  Y más en concreto a Fernán Núñez de Toledo y Guzmán, erudito clasicista vallisoletano del XVI; al cual siguen, entre otros:  Francisco Tamariz, Dr. Gudiel, P. Mariana, Pedro Antonio Beuter, Salazar de Mendoza, etc.  Así el segundo nombre de Pincia toma carta de naturaleza entre los círculos cultos.

   En esta primera línea de búsqueda de rancios abolengos clásicos y al ponerse en duda las vinculaciones 'pincianas', otros, como Aureliano Fernández-Guerra, apuntaron hacia otra ciudad romana no menos famosa, Pisóraca.  La propuesta no cuajó.  En otro caso, los vallisoletanos vendríamos a ser conocidos por algo así como 'pisóracos' o 'pisoroquianos'.

   Hay también quien piensa más modernamente (Montenegro), que de fijarla sobre un núcleo romano podría ser Tela (que se correspondería con el 'Tole' anterior).  Volveré sobre este aspecto, al remontar los orígenes a los celtas.  De ser Tela nuestra antepasada clásica, nos tendríamos que denominar por el gentilicio de 'telanos' o algo semejante.  No suena muy bien, pero todo sería cuestión de repetición y costumbres.

   Lo que sí está relativamente claro, pues, es que lo de Pincia es una invención culta y erudita del Renacimiento (XVI) y que encaja perfectamente dentro de la mentalidad de época de buscar entronques con la civilización clásica.  Y  en esa búsqueda histórica, cuando algo se quiere encontrar por encima de todo, se termina 'demostrando' o, al menos, inventándolo como 'haber sido posible'.

   El gran humanista Lucio Marineo Sículo escribe en este sentido:  "Valladolid es villa más grande y más noble que cuantas hay en toda España, la cual algunos varones sabios de nuestro tiempo llaman Pincia...".  Estos varones 'sabios' (eruditos) son los que comienzan a denominar a Valladolid con el sobrenombre de Pincia.

   El 'descubridor' de la tal continuidad espacial entre Pincia y Valladolid es Fernán Núñez de Toledo y Guzmán.  En adelante, de acuerdo con su sensibilidad para dejar constancia de 'su' descubrimiento y abolengo clasista, pasa a firmar como Fernán Núñez el Pinciano. Su propuesta hizo fortuna, aunque pronto se demostrase que Valladolid no era ni tenía nada que ver con la Pincia romana.

   Poco importa la verdad histórica cuando algo se quiere 'creer'.  Sin duda, a la Valladolid de comienzos de la modernidad, que estaba pujando por destacar en su entorno, el buscarle una tatarabuela romana le daba un prestigio y abolengo muy apreciado por la mentalidad de la época.  En este sentido, Fernán Núñez hizo un gran servicio a su ciudad, aunque a costa de un desaguisado histórico.  Científicamente, no tenía razón; históricamente, apuntó en dirección acertada, aunque no correcta.  

CELSO ALMUIÑA - Profesor de la Universidad de Valladolid
La Historia de Valladolid a través de sus personajes.

 

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